Este inmueble de principios del siglo XX revive gracias a un proyecto de Anna, Eugeni y Jaume Bach que aúna imaginación, respeto y sensibilidad contemporánea
Una buena restauración es un diálogo y una convivencia. Por eso solo puede hacerse a capas, permitiendo que el pasado hable. También evitando que se imponga. En simple: se trata de cuidar. De intentar que el presente ponga al día los logros originales, a veces restaurándolos, otras subrayándolos y, con frecuencia, simplemente no estropeándolos al actualizarlos. En el mundo contemporáneo es indispensable hacer convivir elementos frágiles con tecnologías antaño inexistentes procurando que su huella en el edificio sea honesta. De eso va este proyecto, de limpieza, honestidad y actualización de la vida burguesa. Frente a un edificio finisecular y modernista de viviendas en el
pais.com/noticias/distrito-eixample/" target="_blank" rel="noreferrer" title="https://elpais.com/noticias/distrito-eixample/" data-link-track-dtm="">Eixample barcelonés, los arquitectos Anna, Eugeni y Jaume Bach observan el pasado, lo reparan, lo corrigen y tratan de anticiparse al futuro.
En poco más de un siglo, todo ha cambiado en esas estancias. Las cocinas se han ampliado y se han abierto. Los baños se han multiplicado. Ocupan lugares más céntricos y han perdido secretismo. Las normativas de higiene y ventilación han reforzado los tabiques y multiplicado los tubos de aire. El confort y la intimidad se han dado la mano en los aseos donde se ha impuesto la estética clínica marcada por Le Corbusier. Las épocas hablan con la vigencia de sus logros, pero también con lo que agotan. Y, más sutilmente, con lo que intentaron lograr. En las casas de hoy el escaparate, la representatividad, ha dejado paso a la comodidad. El confort le ha ganado la batalla a la imagen. Sin embargo, sería un error pensar que ese cambio de prioridades está reñido con el cuidado, con la cultura e incluso con la belleza: cuidamos la casa que nos cuida.






