Ebro y Santana son dos marcas españolas reflotadas recientemente por el capital del gigante asiático

Completar el Rally Dakar, por mucha mercadotecnia que se le añada a todo el asunto, es una señal inconfundible de que un vehículo es robusto. Pocas carreras evocan mejor la idea de fiabilidad y durabilidad en el deporte de motor: 8.000 kilómetros acumulados en dos semanas, con todo tipo de obstáculos y terrenos de por medio. Los centenar...

es de coches y motos que toman la salida exprimen al máximo cada uno de sus tornillos, y la estadística señala que menos de la mitad alcanza la línea de meta. No extraña entonces que, año tras año, China se abra paso y aumente su huella en el rally de rallies ahora que sus motocicletas y coches empiezan a hacerse notar en Europa, Estados Unidos y el resto del mundo.

“Qué mejor que probar las cosas donde se rompen”, resume Javi Vega, que compite con una Kove en la categoría original, la más exigente para las motos al no contar con asistencia mecánica. “En el Dakar se rompe absolutamente todo, desde una máquina china hasta una austríaca. Sin duda, es el laboratorio definitivo para cualquier marca nueva”, agrega el piloto de 36 años en conversación con EL PAÍS.