La aventura ‘Final Score’, creada e interpretada por la Orquesta del Concertgebouw de Ámsterdam, busca nuevos públicos en la plataforma, donde acumula cerca de un millón de usuarios
Es posible reconocer en la Sexta sinfonía de Beethoven los paisajes rurales de los alrededores de Viena, pero nadie hasta ahora se había atrevido a trasladar las coordenadas de la Pastoral al entorno digital. Así sucede en el videojuego Final Score, en cuyas praderas virtuales los granjeros cantan a sus cultivos para hacerlos crecer. En esta aventura de Rob...
lox ―una célebre plataforma virtual que permite crear y disfrutar de miles de títulos―, la música clásica no funciona como mero acompañamiento, sino que sirve de herramienta de aprendizaje: hay que recopilar notas, desbloquear instrumentos y reconocer acordes para restaurar la armonía perdida y vencer al temible Cazador de Ratas.
La idea de este proyecto pionero, dirigido a jóvenes de entre 10 y 16 años, se gestó dentro de la Orquesta del Concertgebouw de Ámsterdam como parte de una estrategia de captación de nuevos públicos. “A veces no basta con los conciertos escolares y los materiales didácticos que ofrecemos”, explica Lili Schutte, responsable del programa educativo de la institución holandesa. “Conectar con los adolescentes no es fácil, pues muchos consideran los conciertos aburridos y elitistas. Así que, en vez de convocarlos en la sala, optamos por invertir el reclamo y buscarlos donde más les gusta estar”.






