El director neerlandés André Rieu emprende una gira por España con la Orquesta Johann Strauss que se desmarca del concierto tradicional con un espectáculo de masas tan excesivo como poco exigente con el público
Hace cuatro décadas André Rieu fundó la Orquesta Johann Strauss con un único objetivo: hacer feliz a la gente. Desde entonces, el violinista y director neerlandés se dedica a llenar estadios por el mundo y a ofrecer al público todo lo que en las salas de concierto convencionales se consideraría hortera o de mal gusto. La fórmula, basada en la estética del exceso, la edulcoración sin límites y un repertorio tan ecléctico como fácil de digerir, aparece recogida en el ensayo La nueva era del kitsch (Anagrama, 2025), donde el sociólogo
s/2025-09-21/gilles-lipovetsky-si-quiere-vivir-mejor-enamorese-tome-prozac-no-busque-en-la-filosofia.html" rel="" data-link-track-dtm="">Gilles Lipovetsky y el crítico de cine Jean Serroy analizan este y otros fenómenos culturales de la modernidad.
“Rieu aplica a sus espectáculos la lógica de la desmesura neokitsch”, confirman los autores. “Frente a la liturgia del concierto tradicional, nos encontramos con un batiburrillo desacralizado de géneros musicales”. Un aria lacrimógena de Händel por allí, un poco de Nesum dorma por allá y, entre valses y polkas de la familia Strauss, el My heart will go on de Titanic cantado por una soprano disfrazada de princesa Disney. “El resultado es comercial y un poco flojo, pero en absoluto indigno”, advierten. “Lo neokitsch no significa la muerte de la cultura clásica, sino su transformación en un producto de moda efímero”.






