La Asamblea Nacional inaugura nuevo mandato con una oposición arrinconada que pide la liberación de los presos políticos y el fin de la persecución

En su tercera jornada sin Nicolás Maduro en el poder, Venezuela amanece silenciosa, inmersa en una tensa calma ante la incertidumbre, pero testigo atónito de una aparente normalidad institucional que busca a toda prisa cubrir el vacío de poder que ha supuesto la cinematográfica detención de su presidente. Y, en medio de esa escena irreal, emerge la figura de la vicepresidenta Delcy Rodríguez, que de un día para otro se convirtió en la mujer más importante de Venezuela bajo la sombra de Donald Trump.

Rodríguez juró este lunes como presidenta encargada de la República Bolivariana de Venezuela ante una Asamblea Nacional que, como ella, estrenó mandato. “Vengo con dolor por el sufrimiento que se le ha causado al pueblo venezolano luego de una agresión contra nuestra patria, por el secuestro de dos de nuestros héroes, el presidente Nicolás Maduro y nuestra combatiente Cilia Flores”, dijo. Mientras, Maduro comparecía por primera vez ante el magistrado que le juzgará en Nueva York por narcoterrorismo: “Soy Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, y estoy aquí secuestrado”.