Cada vez aguantamos menos, cada vez escuchamos menos, cada vez vivimos más cocidos en nuestras propias ideas

Casi estoy tentada de hacer una pseudoencuesta de andar por casa entre los lectores de este artículo sobre si se ha amargado, o no, alguno de los ágapes oficiales de estas fiestas con una de esas feroces discusiones partidistas que tanto abundan en los últimos tiempos. Si se han sacado los hígados unos a otros entre las gambas congeladas y el turrón, si han roto con parte de la parentela para siempre, si se han ido a la cama odiando un poco más al cuñado o puede que también odiándose a sí mismos por haber perdido los papeles y los estribos. En cualquier caso, si acabaron con la cena atravesada en la barriga. Todavía queda Reyes por cumplir, pero

a/2025-12-16/como-pueden-estar-los-reyes-magos-en-todas-las-cabalgatas-a-la-vez-y-otras-preguntas-navidenas-de-los-ninos.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/mamas-papas/familia/2025-12-16/como-pueden-estar-los-reyes-magos-en-todas-las-cabalgatas-a-la-vez-y-otras-preguntas-navidenas-de-los-ninos.html" data-link-track-dtm="">ese día el protagonismo de los niños suele evitar que los adultos nos exacerbotemos, maravilloso palabro inventado por el escritor Julio Llamazares. Así que la cuestión es: ¿hemos superado la prueba, sí o no?