Los incendios del verano marcan la conversación en un pequeño pueblo de Cáceres, al que no han ido los candidatos en campaña
En una mesa de tute con cuatro jugadores y otros cuatro mirando en la segunda filas, no hay tiempo para bromas. Así que el primer mensaje es un clásico como quien agita el espantamoscas: “Todos son iguales”. Afinando más el bocinazo podría ser peor: “Además de que son iguales... no hacen más que guarrerías”, dice el anciano llevándose la mano a la entrepierna....
El último domingo antes de las elecciones fue un hervidero de líderes políticos en Extremadura. Las encuestas publicadas horas después señalan que Guardiola ganará las elecciones, pero no le llega para gobernar en solitario y seguirá necesitando a Vox. Pero nada de este bullicio llega hasta Segura de Toro, que aportará el domingo 170 votantes. No hay carteles, mítines previstos, ni folletos ni promesas pegadas a la pared. Ni siquiera la televisión de fondo habla de política.
Sebastián, encofrador de profesión; Antonio, alguacil; Rafael, pastor; y David, aceitunero, mueven frenéticamente las manos llenas de cartas. No hay chupitos sobre la mesa, ni humo, ni restos de puros. Solo un grupo de ancianos de dedos cilíndricos entretenidos. Hasta el hombre con párkinson parece un habilidoso crupier emocionado frente a los naipes.







