Hoy de los comunes solo oímos de vez en cuando aportaciones críticas de limitado alcance que difícilmente consiguen recuperar las ilusiones perdidas

Desde la resaca que siguió a la pérdida de la alcaldía de Barcelona, los comunes han entrado en una fase creciente de desconcierto con pérdida manifiesta de presencia en la escena política. Mientras el presidente Salvador Illa va consolidando la iniciativa, con su estilo más bien contenido, pero con presencia mediática permanente, las voces que deberían dar protagonismo al espacio que se sitúa a su izquierda han perdido presencia y e...

ntidad. No es un problema exclusivo de Cataluña. En la política española también se han ido apagando las pulsiones exhibicionistas del mundo de Podemos, un espacio cada día más fraccionado, con protagonistas de segundo nivel a la sombra del PSOE. No es ninguna rareza ni ninguna casualidad. La historia está llena de situaciones de crisis que provocan un estallido que parece que va a catapultar nuevos protagonistas que, en la realidad, se desfiguran antes de consolidarse. Y así ha ocurrido desde que en 2014 Pablo Iglesias y compañía parecía que iban a comerse el país.

La realidad es compleja, las relaciones de fuerzas que la configuran van mucho más allá de la pugna política y de la fabulación a la práctica hay un buen trecho. En el caso catalán, los comunes tuvieron su gran oportunidad al hacerse con el Ayuntamiento de Barcelona. Y la práctica –en el entramado del conflicto de intereses- desbordó los propósitos de los recién llegados, que se vieron a remolque de una realidad menos maleable de lo que ellos podían haber fantaseado. El resultado fue el repliegue y la adaptación a las circunstancias, rompiendo las ilusiones de una izquierda que tenía que cambiar las cosas y descubrió las resistencias estructurales. Y así su gestión se fue desdibujando hasta la frustración. Es la enésima repetición de la historia de las izquierdas en las democracias liberales. Y raramente consiguen encontrar el punto de equilibrio entre la adaptación y una razonable distancia eficiente. Y después, en la oposición, se encuentran con enormes dificultades para recuperar con autoridad la distancia crítica que les había llevado a puerto. Hoy de los comunes solo oímos de vez en cuando aportaciones críticas de limitado alcance que difícilmente consiguen recuperar las ilusiones perdidas. Y no les resulta fácil entrar en la dinámica normal del pacto y de la acción política. Les falta oxígeno.