La presión del equipo de Marcelino sobre los volantes locales desmonta el plan de Eder Sarabia con un 0-2 a los 13 minutos

Hay un fútbol real y un fútbol imaginario. El fútbol imaginario carbura en la mente de algunos hombres, normalmente entrenadores, con o sin título. El fútbol real es aquello que resulta cuando rueda la pelota y se produce el contraste inevitable con un adversario que, fatalidad, también imagina cosas. Este sábado en el Martínez Valero, se impuso la dura realidad, como casi siempre. Antes del cuarto de hora de partido el Villarreal se imponía por 0-2 ante un Elche desorientado, seguro de su poderosa condición de local después de cumplir casi media temporada invicto en su campo. El resultado final, 1-3, afirma al Villarreal en el tercer puesto de la clasificación y lo aproxima a un objetivo que no tiene precedentes en la historia del club: participar en dos Champions consecutivas.

“La idea era tener el balón”, dijo Pedro Bigas, después del desenlace; “la clave estuvo en los primeros diez minutos, en donde estuvimos imprecisos en pases que no solemos fallar”.

Eder Sarabia, técnico del Elche, imaginó que sus jugadores tendrían el balón. Marcelino imaginó que se los robaría. Cuando los centrales del Elche intentaron encontrar a sus pivotes Febas y Aguado, se encontraron conque darles la pelota resultaría una temeridad ya que los pases deberían atravesar franjas patrulladas por Ayoze, Mikautadze, Parejo y Comesaña. Conclusión: el Elche se ahogó o lanzó en largo. Los balones se dividieron. En las disputas prevaleció el rival. Pasados cinco minutos, Ayoze cuerpeó al soñador Febas, jugó con Mikautadze, y el georgiano coordinó su entrega con el hermoso desmarque de Moleiro. El canario entró desde la izquierda y definió de tiro cruzado con la izquierda.