El equipo de Arbeloa derrota a un muy buen Villarreal con un ejercicio sostenido de compromiso colectivo y otros dos goles de Mbappé que le ponen provisionalmente dos puntos por delante del Barça

El Real Madrid ha cambiado mucho sin cambiar tanto. Mbappé sigue a lo suyo, esa voracidad con la que amontona goles, otros dos en La Cerámica para tumbar a un muy buen Villarreal. Eso es lo de siempre, pero todo lo demás parece algo muy distinto, una energía constante y comprometida con la que desactivaron la entrega y la electricidad del equipo de Marcelino, que no dejó de ir a por ellos, pero encontró enfrente un trabajo defensivo sin fisura ni apenas lagunas. Así, con lo de siempre y lo raro, después de semanas traumáticas, el Madrid terminó el sábado como líder de la Liga, con dos puntos de ventaja sobre el Barça, que recibe esta tarde al endeble Real Oviedo (16.15, Dazn).

Estuvo cómodo en un partido que se desbocó enseguida. Los dos equipos jugaban a todo trapo, sin reservas, y eso abrió muy pronto el campo, que atravesaba la pelota de punta a punta en dos parpadeos. Se daba por descontado un despliegue intenso del Villarreal; con el Madrid siempre hay dudas. Pero el pelotón de Arbeloa se arremangó empujado por el entusiasmo de Mastantuono, que se agarra al once con ferocidad después de las semanas que la pubalgia le tuvo en la reserva. El argentino exhibió un despliegue tremendamente generoso, atento al corte, firme en los duelos y dispuesto a retroceder hasta su propia área para ayudar a Valverde con Pedraza, que amenazaba con insistencia por allí.