Algunas personas abandonan aplicaciones como Goodreads, Letterboxd o Strava cansadas de medirlo todo. Y es que lo que puede empezar como una motivación para leer más, ver más películas o hacer más ejercicio, se convierte para muchos en una fuente de ansiedad autoimpuesta
Hace unos meses, me descubrí evitando leer un libro porque era demasiado grueso. No porque no me apeteciera (de hecho, llevaba tiempo queriendo leerlo y todavía espera en una estantería de mi casa), sino porque temía que me impidiera alcanzar mi objetivo de leer 45 libros durante 2025. Una meta que había establecido yo mismo
una-sola-estrella-en-goodreads-la-tirania-de-puntuar-todo-lo-que-lees-ves-o-escuchas.html" target="_blank" rel="noreferrer" title="https://elpais.com/cultura/2023-07-08/no-compres-ese-libro-con-una-sola-estrella-en-goodreads-la-tirania-de-puntuar-todo-lo-que-lees-ves-o-escuchas.html" data-link-track-dtm=""> en la aplicación Goodreads. Ese pensamiento, tan absurdo como revelador, fue el primer síntoma de que algo se había torcido. Me di cuenta de que quizá ya no leía por placer (o por trabajo), sino para alcanzar un número.
Y parece ser que no soy el único. “Mi obsesión con Goodreads ha estado a punto de arruinar mi amor por la lectura”, confiesa Isabel, de 33 años. “Empecé usando la plataforma para anotar qué libros había leído y descubrir nuevas recomendaciones, lo cual era genial. Pero luego me enganché al Reading Challenge anual y todo cambió. Dejé de elegir libros que realmente me interesaban y leía libros más cortos para llegar al objetivo. Novelas breves, cómics o incluso poesía”, explica.







