Mi amiga, cuando compra un libro, primero se interesa por saber si los escritores están vivos, y luego por sus hábitos de sueño

En un momento dado le dije a Bu que andaba escribiendo algo, que había frenado ese algo en verano y que me costaba recuperar el ritmo. Sin darle tiempo a responder, le di mi móvil. “Lee el primer capítulo”. Empezó a leer y, de repente, me quedé dormido. Primero sobre unos cojines, y luego fui a poner la cabeza en su regazo. Ella, para no despertarme, leyó el primer capítulo y todos los demás. Lo que pasó después fue extraño. Bu tenía en casa La gente no existe, de Laura Ferrero. Lo abrió durante días sin leer más de dos páginas. Se rindió, víctima de tiempos modernos en los que la riqueza es la atención: quién la ofrece, quién la capta. ...

Coincidí con Laura Ferrero en una fiesta en Córdoba. También estaba Bu, que viajaba con el libro. Cuando ya anochecía, Laura estiró las piernas en un banco y le preguntó a Bu si no le importaba que apoyase la cabeza en su regazo. Lo hizo, y Bu me hizo señas: “Sube a mi cuarto y tráeme el libro”, me dijo al oído. Leyó sin parar 120 páginas.

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