Los lectores y las lectoras escriben sobre la carga mental de las mujeres en Navidad, los juguetes, la polarización política y el paso del tiempo
Se acercan las fiestas navideñas y, con ellas, una escena que se repite año tras año en muchos hogares. Mesas llenas de comida, familias reunidas y mujeres que sostienen estas fechas desde la cocina. Se habla mucho de tradición y de unión, pero poco de quién planifica el menú, hace la compra, cocina durante horas y, cuando todo termina, recoge y limpia. En la mayoría de las casas, las comidas navideñas recaen mayoritariamente en las mujeres. Y no, no es una cuestión de costumbre familiar ni de amor desinteresado; es trabajo no remunerado, invisible y agotador. Normalizar que las mujeres de la familia carguen con toda la preparación alimenta desigualdades que también se sientan a la mesa. Tal vez la Navidad, que tanto apela a la solidaridad, sea un buen momento para repartir responsabilidades y celebrar de otra manera. Porque la igualdad también se cocina, y necesita más manos.
Noelia Verde Domínguez. Mallorca
Estos días, podemos ver miles de anuncios de juguetes, las tiendas a rebosar y catálogos por todas partes. Pero, ¿somos conscientes de los juguetes que se están vendiendo? Antiguamente, las estrellas eran los coches, los bebés, las construcciones y las muñecas. Este año son los sets de maquillaje, de uñas con su lámpara, de peluquería con instrumentos para rizar o planchar el pelo. ¿En qué momento los juguetes han pasado a ser cosas rutinarias de adultos?








