La compañía ha cambiado de CEO y de estrategia de negocio, pero las cosas no parecen mejorar sustancialmente. ¿Qué le ha ocurrido a una de las marcas más influyentes del mundo para acabar desconectándose de sus clientes?
Junio de 2024 fue uno de los peores meses en los (por entonces) 60 años de historia de Nike. Las acciones se desplomaron al punto de que el gigante deportivo perdió cerca de 27 mil millones de euros en capitalización bursátil, más de una quinta parte de su valor de mercado, casi de golpe. Los inversores vendieron trece millones de acciones en cuestión de semanas.
Las ventas habían ido reduciéndose poco a poco desde 2018 pero, según comentaban entonces los analistas, el problema venía de más lejos: Nike llevaba casi una década perdiendo su importancia cultural en la mente de los consumidores. En este año y medio tras la caída, la megacompañía de Oregón ha cambiado de CEO y ha reestructurado su modelo de negocio. Pero las cosas no han ido mucho mejor: este pasado viernes anunciaba a sus accionistas sus ventas en el segundo cuatrimestre del año, 12.400 millones, un 1% más que el cuatrimestre anterior, pero muy lejos de lo suficiente para mantener su confianza. Su beneficio neto ha caído un 30% respecto al año anterior, es decir, tras los costes de producción y logística la empresa ha ganado algo más 750 millones. “Nike está a medio tramo de la remontada”, declaraba el jueves su CEO, Eliot Hill, tras presentar los resultados. Una remontada que pretende subsanar en tiempo récord una cadena de errores cometidos en los últimos cinco años y que han convertido a Nike en una especie de actor secundario en el tablero de las marcas deportivas.











