Bélgica, que ha sufrido la guerra híbrida rusa, se plantó en el empleo de los fondos rusos congelados para no poner en riesgo a Euroclear
En el aeródromo militar de Kleine-Brogel, situado en territorio flamenco de Bélgica, hay una construcción subterránea donde se almacenan bombas nucleares. Es una herencia de la Guerra Fría. Dispone de un sistema de almacenamiento que posibilita, por una parte, no tener que ir a buscar las bombas fuera de las instalaciones y, al mismo tiempo, los aviones tampoco tienen que estar permanentemente cargados con el arsenal nuclear, lo cual permite alargar la conservación de los proyectiles. La clave son las bóvedas. Están integradas en el suelo de hormigón, exactamente debajo del lugar donde aparcan los aviones. Si fuese necesario reaccionar ante una escalada apocalíptica, las aeronaves se cargarían en pocos minutos y apenas se necesita personal para realizar dicha operación. No es el único espacio europeo donde la OTAN dispone de esta infraestructura bélica dotada de la máxima seguridad por si llegase la hora de enfrentarse a intentos de sabotaje o infiltración. El pasado 2 de noviembre, cuatro drones desconcertaron al sobrevolar el aeródromo. Esa misma noche la policía local de una zona industrial del país recibió llamadas alarmadas: 12 drones también estaban donde no debían. Pocos días después, el jefe del Ejército fue claro al dar una orden a sus soldados: disparen contra los drones.










