Financiar a Ucrania con eurobonos en lugar de con fondos requisados a Rusia evita legitimar ataques de terceros a activos europeos en medio mundo, y desvirtuar el papel de la UE como ariete de la legalidad internacional
La Unión Europea cierra 2025 con un gran éxito económico. Es la emisión de 90.000 millones en eurobonos, al servicio de un enorme objetivo político “existencial”, financiar la resistencia ucraniana. Y con varios reveses, entre otros con Mercosur, la agenda verde, el endurecimiento migratorio o el vasallismo frente a Trump....
Esta segunda emisión de eurobonos, tras la enorme de los Next Generation para financiar la recuperación post-pandémica era una fórmula barajada para sortear la pinza Putin-Trump. Pero muchos preferían cerrar su propia chequera y afectar los activos rusos congelados en Europa, también como castigo al invasor.
La ventaja técnico-financiera de los eurobonos es que, sin gastar de antemano unas futuribles reparaciones rusas, se adecúa al modo convencional en que se financian las guerras, el recurso al Tesoro, a la deuda interna (In defense of public debt, Barry Eichengreen y otros, Oxford, 2021). Y otra, técnico-jurídica: elude que Moscú, o sus cómplices, recurra ante los tribunales el uso de los activos rusos. Evita además legitimar ataques de terceros a activos europeos en medio mundo, y desvirtuar el papel de la UE como ariete de la legalidad internacional.














