La actriz estadounidense es una psiquiatra afincada en París envuelta en un ‘thriller’ de tintes cómicos que recuerda a las películas del director neoyorquino

Por más suspicacias que puedan generar las incursiones en el cine europeo de estrellas de Hollywood, a veces, el trasvase funciona. Vida privada, la última película de Jodie Foster, es una de esas veces. ...

La actriz ya había probado, al menos en dos ocasiones, con la industria francesa: en 2004, en un pequeño papel en Largo domingo de noviazgo, de Jean-Pierre Jeunet, y en 1978 en Moi, Fleur bleue, una comedia de Eric Le Hung en la que interpretaba a la hermana adolescente de Sydne Rome. Lejos de aquella intérprete precoz que empezó de niña su carrera en la publicidad, Foster ha alcanzado una madurez radiante que encaja muy bien con su última aventura transatlántica, en la que encarna a una psiquiatra neurótica que decide investigar el suicidio de una de sus pacientes (Virginie Efira).

Rebecca Zlotowski, directora y guionista que ya demostró su talento con Los hijos de los otros (2022), vuelve a fijarse en la crisis de una mujer madura, una profesional inteligente y tenaz pero atrapada en sus bloqueos emocionales que encuentra en la muerte de su paciente una excusa más para esquivar sus propios problemas. Sin invadir en exceso la trama principal, la relación con su hijo y con su familia ofrece las pistas necesarias para intuir la disfunción afectiva del personaje.