Es necesario fomentar alianzas más diversas, informales y flexibles; mejor eso que un colapso del sistema planetario que sería un desastre sin paliativos
El sistema que ha gobernado el mundo está siendo profundamente transformado en estos momentos. La geopolítica actual, más allá de dañar la alianza transatlántica y aumentar los choques comerciales, deja muy limitada la estructura multilateral que ha ordenado el mundo desde mediados del siglo XX y nos aboca a una peligrosa anarquía global. Para evitar que se precipite en el caos y conflicto, aquellos que nos resistimos a aceptar un mundo basado únicamente en el poder debemos complementar las debilitadas estructuras multilaterales con una tupida red de instituciones informales y acuerdos bilaterales.
Desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta algún momento entre la gran crisis financiera de 2008 y la invasión de Crimea de 2014, el mundo operó bajo el paraguas del multilateralismo: un sistema imperfecto, incompleto y a menudo contradictorio, pero que, a pesar de sus limitaciones, representó el modelo más eficaz de gobernanza global que la humanidad haya conocido. Sin embargo, hoy esta fórmula atraviesa una profunda crisis, precedida por una década de continuo desgaste. Incapaz de responder a los retos actuales ni de ordenar el sistema internacional, el multilateralismo se muestra estancado, sin señales claras de renovación.






