Ante el empuje reaccionario y la ruptura de las normas globales, la defensa de la democracia y el multilateralismo compromete a todos

El viejo orden internacional se derrumba y, en el campo de ruinas de las guerras ilegales y vulneraciones de los derechos humanos, el nuevo desorden amenaza con multiplicar los riesgos y catástrofes para la humanidad. La cumbre de líderes progresistas convocada este fin de sema...

na en Barcelona por el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, ha aportado algunas respuestas en defensa de la democracia, el multilateralismo y la igualdad, aunque este esfuerzo difícilmente será eficaz si no se ensancha más allá del campo progresista.

Lo que se ha conocido como el orden internacional basado en reglas, fundado al final de la II Guerra Mundial para no repetir el horror, no garantizó siempre la paz. El principal arquitecto del mismo, Estados Unidos, lo vulneró repetidamente. Era un orden imperfecto, pero contribuyó a una era de prosperidad y avance de la democracia, y estableció unas normas a las que, al menos sobre el papel, todos estaban sometidos. El multilateralismo se anclaba en una arquitectura jurídica y en una gobernanza internacional con instituciones como la ONU y la Organización Mundial del Comercio, o foros como el G-7 y el G-20. Todo está llegando a su fin.