El CEO de Microsoft AI y cofundador en 2010 de DeepMind reflexiona sobre los retos tecnológicos del presente: “Mi mayor esperanza es que todos puedan sentir los beneficios de una revolución de la inteligencia que les dé recursos para lograr y hacer más”
En la última década –y con más intensidad en los últimos cinco años– el desarrollo de la inteligencia artificial ha sido trepidante. Cada día aparecen nuevas aplicaciones basadas en modelos de IA. Nvidia, fabricante de los chips que alimentan esta revolución, es hoy la empresa más valiosa del mundo, y las siete grandes tecnológicas, conocidas como Big Tech, son el motor económico de Estados Unidos. Muchos miran este auge con escepticismo y advierten que podría tratarse de una burbuja similar a la de las punto com. Pero pocos, muy pocos, dudan del impacto que la IA tendrá en el rumbo humano durante las próximas décadas.
En el centro de este impulso está el británico Mustafá Suleyman (Londres, 41 años), actual CEO de Microsoft AI y cofundador en 2010 de DeepMind, donde fue director de producto y más tarde responsable de aplicaciones de IA. Aunque la inteligencia artificial llevaba décadas avanzando en silencio, de modo casi perezoso, DeepMind logró hitos que parecían inalcanzables, como AlphaGo, el incipiente sistema de IA capaz de vencer al campeón mundial Lee Sedol de Go, uno de los juegos combinatorios más complejos, con un marcador irrefutable: 4-1. Al combinar redes neuronales –desarrolladas por el equipo del hoy Nobel de Física Geoffrey Hinton en la Universidad de Toronto– con el aprendizaje por refuerzo a gran escala, las máquinas empezaron a idear estrategias que los humanos jamás habían imaginado. Fue un auténtico momento eureka.







