Compañías y organizaciones se lanzan a adoptar la inteligencia artificial, aunque la mayoría no sabe cómo crecer con ella y muchos proyectos fracasan
La movilización tecnológica y económica en torno a la inteligencia artificial (IA) carece de precedentes, tanto en infraestructuras como en desarrollos de programas y productos asociados. Lo sabe bien uno de sus máximos responsables, el director ejecutivo de OpenAI, Sam Altman, quien ha advertido en Abilene (Texas), donde construye un ...
megacentro de datos, que la industria atraviesa un periodo de incertidumbre y padecerá altibajos: “Entre los diez años que ya hemos estado operando y las muchas décadas que tenemos por delante, habrá auges y caídas”. Del mismo peligro ha advertido el Comité de Política Financiera del Banco de Inglaterra, que observa “un riesgo creciente de corrección repentina” del mercado.
De esta forma, el Banco de Inglaterra ve un posible pinchazo de la burbuja económica en torno a la IA por “cuellos de botella” en las cadenas de suministro de energía, datos y materias primas necesarias para satisfacer la demanda. También por una desproporcionada carrera entre el desarrollo de modelos y las capacidades para implantarlos, algo que puede afectar a las inversiones en infraestructuras.






