En una cena promedio estas fiestas se consumen hasta 6.000 calorías, el triple de la ingesta calórica diaria recomendada
Dicen que la Navidad es dulce, pero a más de uno le puede amargar las vacaciones. La comida tiene un rol central en estas fechas, todas las reuniones se hacen ante una mesa, con la familia. En Navidades toleramos los excesos de alcohol, dulces y comidas hipercalóricas con una indulgencia festiva, pero después encaramos el inicio del nuevo año con rigidez espartana,...
apuntándonos al gimnasio y poniéndonos a dieta. Pero esta dualidad de castigo y recompensa no es la ideal para mantener una relación sana con la comida, alertan los expertos.
Las fiestas, además, se celebran de forma social, y esto hace que se retomen las dinámicas familiares de nuestra infancia. La relación con la comida suele ser heredada, aprendida de nuestros padres. ¿Pero qué sucede cuando sus actitudes sobre la comida no son positivas y cuando una gran reunión familiar implica enfrentarse a comportamientos y comentarios sobre nuestro físico?
Este es uno de los temas que trata el libro How to Eat Well at Every Age, (Cómo comer bien a cualquier edad, sin traducción española por ahora) de la psicóloga Jane Ogden. En general, la comida puede unir a las personas, mejorar el bienestar y crear recuerdos, sugiere la experta. “La comida también puede contribuir al bienestar, ya que ofrece una fuente de placer, estructura y una excusa útil para pasar tiempo con amigos y familiares”, explica. La situación se vuelve más compleja cuando comprendemos que algunas creencias heredadas sobre la comida y la imagen corporal no son constructivas, y que la comida también puede utilizarse para gestionar las emociones, especialmente durante reuniones familiares estresantes.









