Quiénes serán los Bisbal, Pablo López, Lola Índigo o Aitana de esta edición, los que independientemente de su lugar en la clasificación final acaben triunfando, es difícil de prever. También si habrá un OT 2026. Eso ahora mismo solo lo sabe Prime Video
Ayer fue una de esas noches en las que es inevitable citar la famosa frase de Annie Hall. Ya saben: “Dos señoras de edad están en un hotel de alta montaña y dice una: ‘Vaya, aquí la comida es realmente terrible’. Y contesta la otra: ‘Sí, sí, además las raciones son tan pequeñas”. Algo así podría decirse de este OT tan descafeinado desde el punto de vista del espectáculo televisivo. Cada semana le hemos puesto mil peros a galas con poco atractivo,...
al menos por comparación al exuberante OT previo, pero ahora, casi tres meses después, nos enfrentamos a la realidad: ya no hay más OT 2025 y ahora es cuando en frío valoraremos esta edición tan anticlimática y celebraremos la verdadera dimensión del hueco que deja en nuestras agendas.
Ha habido carencias obvias. Sonará infantil la queja, pero la más repetida ha sido la falta de salseo, ¿qué es una edición de OT sin carpetas ni shippeos? Es la primera sin amagos de romance, al menos ante nuestros ojos. Quién sabe si alguna vez nos enteraremos de algún amor invisible para los espectadores, como un día nos enteramos del idilio entre Manu Tenorio y Nuria Fergó, pero a priori este año venía casi todo el mundo comprometido. Habrá quien diga que son demasiado jóvenes para pensar en relaciones serias, pero yo siempre tengo en mente la frase de Cuando Harry encontró a Sally: “Cuando te das cuenta de que quieres pasar el resto de tu vida con alguien, quieres que el resto de tu vida comience lo antes posible”. Hoy no podía no citar el clásico de Rob Reiner. Será veneno para la audiencia, pero entendí perfectamente que nadie quisiera poner en riesgo su relación viendo los dramas acontecidos en ediciones anteriores; además, ¿quién podría querer que peligre la relación de Claudia y ese novio que le dice: “Esto es el final de OT, pero el principio de Claudia Arenas”? Yo al menos quiero que esas dos personas sean felices para siempre. Él fue, junto al pizpireto padre de Cristina, uno de los grandes hallazgos del reencuentro con los familiares. Aunque personalmente me quedo con la actitud que mantuvo Ainhoa, la novia de Tinho, un monumento a la incomodidad social. La única persona que se comportó con normalidad entre un montón de desconocidos exaltados, o sea, transmitiendo la sensación de desear estar en cualquier sitio menos allí.






