Esta semana, a Tinho el jurado le ha hecho “un Tanxugueiras”, quizás porque no es un “producto” tan fácil de vender como Olivia y Guille Toledano y OT es un concurso, pero también un negocio

Mientras escribo esto, sigo escuchando las palabras de Guille Milkyway en mi cerebro. O igual es que sigue hablando. Dudo que alguna vez haya habido una valoración más larga en la historia de OT. Ha sido como esas conversaciones interminables en las que respondes con monosílabos mientras desplazas el peso de un pie a otro. El creador de La Casa Azul sufre valorando; parece demasiada buena persona y, por no decir una mala palabra de nadie, dice todas las demás. Todas; no creo que haya combinación de las 28 letras del alfabeto español que no haya utilizado esta noche....

Y eso que la cosa empezó ligerita, con Voy a pasármelo bien de Hombres G. La grupal nos sirve principalmente para testar los micros y comprobar el vestuario. Todo correcto. La legendaria Rosa de Vestuario —que ya sabemos que es invent, pero necesitamos poder criticar un concepto más que a una persona concreta, con emociones y una familia que sufre por ella— no nos ha dado material del bueno para rajar. Excepto por Miriam Rodríguez, que estaba entre una novia que se hubiese caído a un foso de tiburones y Bonnie Tyler en el desopilante vídeo de Total Eclipse of The Heart. Cantó, tocó el piano y lloró recordando su paso por el OT de 2017; todos lloramos recordando aquel OT, especialmente cuando vemos este. Presentó El miedo a fallar, pero no falló. Miriam es un valor seguro. Si algún día Chenoa quiere tomarse un descanso, el programa no tendría que mirar muy lejos para encontrarle sustituta.