El atleta nacionalizado solo ha podido ver dos semanas a su recién nacida, que vive con su mujer en Burundi, y en Navidad estará lejos de ellas por la dura burocracia y porque tiene que preparar el Mundial

Thierry Ndikumwenayo (Kyriama, Burundi; 28 años) cuenta durante su viaje de regreso desde Lagoa, al sur de Portugal, donde las playas fantásticas del Algarve, a Castellón, donde vive, que su apellido significa ‘estoy con Dios’. Y así se siente el atleta que el domingo se proclamó campeón de Europa de cross individual y por equipos, aunque explica que el último trimestre ha sido peliagudo: la frustración del Mundia...

l de Tokio; el nacimiento de su hija, la primera, y la obligación de dejarla atrás en dos semanas, a ella y a su mujer, porque aún no ha conseguido los papeles para traerse a España a su familia; una anemia durante la concentración en Sierra Nevada, y una gripe que estuvo a punto de arruinar su primer título europeo.

“Estaba mal”, recuerda el flamante campeón. “La noche antes del día que viajábamos a Sevilla, me encontré muy mal. No pude ni dormir. Tenía gripe, dolor de cabeza y de garganta. Estuve a punto de comunicarle a la federación que renunciaba, que no podía viajar. Pero al ser una gripe, pensé que tenía tres días para mejorar y, así, ayudar al equipo a intentar ganar una medalla por selecciones. Pero cada día iba a peor. Cuando salía a rodar me costaba mucho respirar. No sabía qué hacer, pero decidí esperar hasta el domingo”, relata Ndikumwenayo, que sabe que es el mejor corredor de campo a través en España y que, aun lejos de su mejor versión, podía ser vital para que la selección subiera al podio.