¿Merece la pena sobrevivir a cualquier precio? ¿Hasta qué punto de envilecimiento puede seguir siendo la vida digna de vivirse?
A veces las redes, además de torrefactarnos la cabeza, comernos la vida a bocaditos y disminuir la densidad de la materia gris de la corteza cingulada anterior, que es una zona del cerebro crucial para funciones neurológicas tales como el control de impulsos, la toma de decisiones o la atención (hay estudios que demuestran esto); además de hacerno...
s polvo, digo, en ocasiones proporcionan algún conocimiento interesante. Sigo en Instagram a un novelista norteamericano que se llama Jason Pargin. No he leído sus libros, pero un día caí en su cuenta por casualidad y me quedé, porque cuelga comentarios curiosos.
Uno de ellos me ha parecido perturbador. Cita Jason el tuit de otra persona (las redes son así, una carambola), Henry Shevlin, un filósofo cognitivo de la Universidad de Cambridge, Reino Unido. Shevlin propuso en la red social X un juego ético endiablado. Imagina que en tu país todos deben escoger entre tomar una píldora azul o una píldora roja. Si más del 50% de la población escoge la azul, todo el mundo vive. Si no se alcanza ese porcentaje, los de la píldora roja viven y los de la azul mueren. Para dificultar las cosas, cada núcleo familiar ha de tomar la misma píldora. Es decir, debes elegir color por ti, por tu pareja y por tus hijos, por ejemplo. Y ahora piénsalo bien, piénsalo con calma y sinceramente: ¿tú qué harías? Es una decisión terrible, ¿no es así? Una deliberación verdaderamente agónica.






