Sus funciones básicas son fundamentalmente tres: la fotosíntesis, la transpiración y la respiración. Pero las hojas son tanto ciencia como arte
Recién comprado del vivero, un aglaonema ‘White Joy’ despliega sus hojas blancas en todas las direcciones. A medida que pasan las semanas, muchas se han girado, cada día un poquito más, para orientarse hacia la ventana. Ahora, cualquiera que mirara al aglaonema, se daría cuenta fácilmente de cómo su cuerpo entero se ha dirigido hacia la principal fuente de luz. En la mayoría de las ocasiones, la estructura encargada de que una hoja cambie ...
de dirección es ese rabito que la une con el tallo, llamado correctamente como peciolo. Esta prolongación de la hoja no siempre está presente en cada especie, pero es tan frecuente que si a un niño se le pide que dibuje una hoja la pintará con uno de esos peciolos.
Las hojas tienen tantas cosas que contar de cada planta… Su longevidad también es otro de los temas frecuentes que ofrecen dudas a los amantes de la botánica. En una planta caduca, que renueva todo su follaje anualmente, la respuesta es clara: alrededor de nueve meses, aunque eso dependerá de diferentes factores, pudiéndose alargar o acortar según la especie. Pero, en una planta perenne, una hoja vive, como mínimo, una media de un par de años, aunque es bastante habitual que ese periodo vital se extienda a tres, cuatro o cinco años, como en el caso de muchos ficus (Ficus spp.), cultivados como plantas de interior. Esta longevidad dependerá de la cantidad de luz que reciba el ejemplar, así como de su estado energético en general.






