Jugadores, técnicos y dirigentes de las últimas décadas han confesado, igual que hoy, la pérdida de apetito del equipo en el día a día
El Madrid viajó el 24 de noviembre de 1998 a Milán para enfrentarse al Inter. Los blancos venían de ganar la séptima Copa de Europa, el título más perseguido, y esa temporada la habían empezado torcida. A cuatro puntos del Barça en Liga, en el Giuseppe Meazza cayeron por 3-1; sin embargo, los jugadores hablaron esa noche de que se abría una nueva etapa, que al fin habían recuperado la actitud. “Hoy, por primera vez, hemos sido un equipo”, proclamó el locuaz Roberto Carlos. Pero no. La desventaja con los azulgranas siguió creciendo y el entrenador, Guus Hiddink, fue despedido tres m...
eses más tarde después de dejar varias advertencias: “Tras los éxitos de la Champions y la Intercontinental, hay que pedir más. El equipo debe recuperar el corazón de amateur”. Con su sucesor, John Toshack, el curso se cerró sin títulos.
Pasan los años, las generaciones de jugadores, los técnicos y hasta los presidentes, y un problema permanece invariable: con cierta frecuencia, el Madrid peca de lo que ahora se ha definido como “falta de intensidad”. Estos días se queja Xabi Alonso, que este domingo acude muy apurado a Vitoria (21.00, DAZN; con Mbappé mejorado y la vuelta de Huijsen), igual que la pasada campaña lo hacía Carlo Ancelotti y antes nombres de pelaje tan distinto como Zinedine Zidane, José Mourinho, Vicente del Bosque, Fabio Capello, Carlos Queiroz o los expresidentes Lorenzo Sanz y Ramón Mendoza a principios de los noventa.






