Ligar heterosexualmente, que siempre fue la mar de complicado, se está poniendo imposible. Me parece una pena
Leyendo el original e intenso ensayo de Nuria Labari La amiga que me dejó, me he puesto a pensar en estos tiempos raros que vivimos. Nuria hace un análisis hipnótico, casi una disección, de una ruptura entre amigas, dentro de una relación heterosexual pero cargada de pasión y contenido, como sucede con las amistades importantes. El tema, de entrada, par...
ece poco visto, de ahí que lo haya adjetivado de original. Pero resulta que en estos últimos meses se está dando una de esas coincidencias telúricas que a veces ocurren, como si todas las mentes creativas estuvieran conectadas de algún modo, como si todos los humanos formáramos parte de un cardumen que danza al unísono a través del tiempo y del espacio, de modo que, de pronto, se produce una explosión de temas semejantes en distintas partes de la Tierra. Tampoco es tan raro si tenemos en cuenta que la creatividad surge del inconsciente. Y que ahí, muy dentro de cada uno de nosotros, estamos todos.
Así que últimamente han coincidido varios libros parecidos. Por mencionar solo algunos publicados en España, la interesante novela Amiga mía, de Raquel Congosto, que también describe una ruptura; La amistad y sus derivas, una conversación entre Sabina Urraca y María Folguera, y h(amor)9 amigas, nueve ensayos breves sobre el tema. Son autoras de entre 40 y 50 años que de golpe se han puesto a hablar de la amistad entre mujeres. También hay chicas de más o menos esa edad reivindicando la soltería y diciendo que pasan de los hombres, como recogió Isabel Valdés hace nueve meses en un estupendo reportaje en EL PAÍS que titulaba así: Cada vez más solteras (y más felices): “Muchos hombres no saben estar a la altura”. Y hay estrellas del pop que sirven de modelo para las más jóvenes y que parecen estar eligiendo ese camino, como Rosalía, que se nos ha hecho casta de la noche a la mañana y le dijo en un podcast a Mar Vallverdú: “No tengo espacio para los crushes. Yo ahora mismo estoy soltera y en celibato voluntario. Si me ven con algún individuo masculino por la calle, por favor, no me lo atribuyáis como mi novio”, una frase que, no sé bien por qué, me recuerda aquel viejo chiste del ladrón que roba un cerdo en una granja y se lo echa a la espalda, y cuando lo para la guardia civil y le pregunta, ¿qué llevas ahí?, el tipo se sacude con desagrado el hombro y exclama, “argggg, quita, bicho”.






