De ser una lectura escolar y cursi a convertirse en una voz radical y universal, la escritora conquista el canon con múltiples homenajes, relecturas y traducciones en todo el mundo. El reto pendiente es que el resto de España decida leerla

La casa ya no existe. En la calle de Manuel Angelon, una pequeña travesía del barrio barcelonés de Sant Gervasi, se alzaba la torre donde nació Mercè Rodoreda en 1908, propiedad de su abuelo, Manuel Gurguí, un comerciante devoto que había erigido en el jardín un busto de Jacint Verdaguer, poeta nacional de la Renaixença, el movimiento cultural que impulsó la recuperación del catalán como lengua literaria. En aquel rincón de lo que entonces eran las afueras de Barcelona se mezclaban los restos del siglo XIX con una modernidad inc...

ipiente: las verbenas y los tranvías, la tierra húmeda del huerto y las primeras farolas de gas. De ese paisaje ya no queda nada. El solar familiar se convirtió en un almacén sin encanto, con una fachada exhausta que hoy parece sostenerse por inercia, como si fuera un reflejo extemporáneo del movimiento entre arraigo y pérdida que atraviesa toda la obra de la escritora. Su prosa, de aspecto limpio y contenido, disfraza de sencillez lo que, en realidad, es una meditación sobre la violencia de su siglo, la metamorfosis necesaria del perdedor y la posibilidad, por pequeña que sea, de sobrevivir.