Los equipos de rescate continúan rastreando piso por piso las torres en busca de supervivientes
Las hermanas Chan, de 65, 62 y 59 años, desayunan fideos y té con leche sentadas en un bordillo. Han pasado dos noches durmiendo sobre esterillas y mantas en el centro cívico de Kwong Fuk, en el distrito hongkonés de Tai Po. Son residentes de Wang Fuk Court, el complejo de viviendas donde el miércoles por la tarde se desató la mayor tragedia de la historia reciente de Hong Kong, un megaincendio que ha dejado al menos 94 fallecidos y 76 heridos (una decena en estado crítico), según el último recuento de las autoridades, publicado el viernes por la mañana (madrugada en España).
“Nos avisó un vecino que tocó a nuestra puerta. Las alarmas no sonaron”, asegura la mayor de las hermanas, mientras remueve el contenido de su plato con los palillos. “No sé qué hubiera sido de nosotras”, murmura. Están cansadas, pero, sobre todo, consternadas por lo que consideran una negligencia. La conmoción está dando paso a la indignación en los alrededores de Wang Fuk Court, donde aumentan las preguntas sobre cómo el fuego pudo engullir en cuestión de minutos siete de los ocho rascacielos que componen la urbanización. Los vecinos exigen responsabilidades.
















