El jefe de la diplomacia de EE UU, hombre clave en los dos grandes frentes internacionales de su país, lidera la línea más dura contra el chavismo mientras rebaja las tesis prorrusas en las negociaciones con Kiev

“Cuando tengo un problema, Marco lo soluciona”, presume Donald Trump sobre su secretario de Estado y consejero de Seguridad Nacional. Esta semana, Marco Rubio pone a prueba esa reputación. Es el hombre clave en los dos grandes frentes internacionales que tiene abiertos Estados Unidos, y con dos papeles muy diferentes: en las negociaciones sobre la guerra en Ucrania se hizo con las riendas para equilibrar una propuesta inicial claramente prorrusa y tratar de

-el-progreso-en-el-plan-de-paz-para-ucrania-pero-advierte-de-que-aun-quedan-grandes-cuestiones-sin-resolver.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/internacional/2025-11-24/europa-celebra-el-progreso-en-el-plan-de-paz-para-ucrania-pero-advierte-de-que-aun-quedan-grandes-cuestiones-sin-resolver.html" data-link-track-dtm="">sacar adelante un plan de paz aceptable en Kiev; en el pulso con Venezuela, es uno de los motores de la política de máxima presión hacia Nicolás Maduro.

Es una situación con recompensas evidentes. De tener éxito en ambos frentes, el camaleónico jefe de la diplomacia estadounidense, que ha sabido canalizar y adaptarse a las posiciones de su jefe —aun en contradicción con las ideas que abrazó en su etapa en el Senado—, bruñiría sus credenciales ante el presidente, gran admirador de las personas resolutivas. Trump ya ha mencionado su nombre, junto al del vicepresidente J. D. Vance, como posibles sucesores a partir de 2028. Evitar un plan de paz para Ucrania al dictado ruso también le haría ganar el agradecimiento de los socios europeos.