El secretario de Estado, ideólogo de la intervención, ve cumplida su gran ambición con la caída de Maduro

En las fotografías que ha distribuido la Casa Blanca sobre el seguimiento de la operación estadounidense contra Nicolás Maduro en Venezuela, el presidente estadounidense, Donald Trump, aparece con una presencia constante a su lado: un muy serio Marco Rubio con los ojos fijos en lo que parece una pantalla. El secretario de Estado es su hombre de referencia para la política exterior, y ya acapara los tres principales cargos diplomáticos en Washington (también es consejero de Seguridad Nacional y administrado...

r de lo que queda de USAID, la agencia federal de cooperación al desarrollo). Ahora asume un cuarto, quizá el más arriesgado: coordinar la gestión estadounidense en Venezuela.

El jefe de la diplomacia de Estados Unidos ha sido el gran ideólogo a lo largo del último medio año de la política de cerco cada vez más estrecho al líder chavista. Y uno de los protagonistas que siguieron más de cerca el desarrollo de la operación militar en Caracas y sus alrededores.

El antiguo senador, de 54 años e hijo de exiliados cubanos, es una de las figuras clave en el proceso. El sábado, en la rueda de prensa en su residencia de Mar-a-Lago (Florida), para informar sobre la captura del presidente venezolano, Trump reveló que Rubio se había puesto ya en contacto con la nueva líder del país sudamericano, Delcy Rodríguez, en una conversación “larguísima” y que terminó de transmitir a la vicepresidenta chavista cuáles son las exigencias de Washington ―acceso al petróleo, detención de bandas criminales, fin del narcotráfico y adiós a la colaboración con regímenes enemigos de Estados Unidos― para permitir que retenga el cargo.