La tele es un negocio conservador en tanto en cuanto insiste en replicar fórmulas de probada solvencia para tratar de garantizarse un éxito que incluso por esas se le puede escurrir entre los dedos

Uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida, como dice la canción, y la tele no es una excepción. O eso quieren creer los ejecutivos del sector. De ahí la abundancia de adaptaciones, secuelas, precuelas, remakes, reboots, spin-offs, etc. De, en definitiva, ob...

ras derivadas varias, por resumir y para evitar seguir dándole disgustos a Álex Grijelmo con tanto anglicismo. No olvidemos que, por impredecible, la tele es un negocio conservador en tanto en cuanto insiste en replicar fórmulas de probada solvencia para tratar de garantizarse un éxito que incluso por esas se le puede escurrir entre los dedos. Dame una franquicia y llámame tonto.

En comedia, sin embargo, pocos spin-offs han conseguido no ya alcanzar el éxito de su serie madre, sino pervivir al margen de su recuerdo. Se me ocurren algunos ejemplos muy dispares que han funcionado —Lou Grant, Frasier, Aída, El joven Sheldon—. Echándoles un ojo casi se podría inferir que su éxito proviene de haber engañado al espectador, esto es, de haber usado, como toda obra derivada, la fama y los atractivos de la predecesora para invitarle a ver la nueva y luego ofrecerle en esta algo con un tono muy dispar.