Carles Llarch hace tinajas para viticultores. Para entender mejor a sus clientes, empezó a elaborar también su propio vino
“No tengo catálogo ni lista de precios. Cuando alguien me encarga una pieza, le pregunto por sus vinos y por su forma de trabajar, porque es lo primero que necesito entender. Si sé para quién trabajo, pienso en esa persona y en sus vinos mientras hago la pieza”. Con esta declaración de intenciones se presenta Carles Llarch en su casa de Font-rubí, en el Alt Penedès, que es a la vez taller y vivienda. Basta con llegar a su puerta para encontrarse con una muestra de su trabajo: unas grandes tinajas de barro que se utilizan para producir ...
vino.
Carles es hijo del Penedès y proviene de una familia que siempre estuvo relacionada con el sector vinícola: su abuelo trabajaba en la viña y su padre fue comercial de vinos. Entre sus recuerdos de infancia, ir a coger uva ocupa un lugar especial, pero él nunca sintió inclinación por dedicarse a ello. Por aquel entonces, el vino en esta zona se vivía de una manera muy industrial que no le resultaba atractiva. Confiesa, sin embargo, que de pequeño andaba siempre moldeando con plastilina. Más adelante descubriría que eso era un oficio, el de ceramista.






