El Mundial de motociclismo celebra el retorno al Circuit Ricardo Tormo con lleno en las gradas, espectáculo en pista y emoción compartida entre afición y pilotos

Cuando el barro arrasó hace poco más de un año la Comunidad Valenciana, el paddock de MotoGP vivió con angustia e impotencia, a miles de kilómetros de distancia en Malasia, el desarrollo de la tragedia. Aunque el Circuit Ricardo Tormo hubiera podido asumir la celebración del último gran premio del curso a pesar de los daños materiales sufridos, los pilotos fueron contundentes cuando se planteó en un primer momento seguir adelante con la carrera. El sentir generalizado, y más con el paso de los días, era que la fiesta no tenía ningún tipo de sentido con la región devastada y los vecinos entregados a las tareas de reconstrucción.

Entre las 229 víctimas mortales, más de una treintena perecieron en las inmediaciones del trazado, rodeado por las poblaciones de Cheste y Chiva al oeste y por el barranco del Poyo que desbordó con consecuencias devastadoras en el noreste. La A-3, al sur, también fue una trampa letal para muchos aquel 29 de octubre. “Teníamos que hacer algo. Lo supimos desde el primer momento, no podíamos quedarnos parados ante el desastre que estábamos viviendo, que estaba sucediendo a las puertas de nuestras casas, en una tierra que tanto queremos y que tanto nos ha dado”, cuenta Jorge Martínez Aspar, vecino de Alzira.