Hace justo un año, Marc Márquez intuía que tenía frente a sí la oportunidad definitiva para espantar los fantasmas de su grave lesión en el húmero y la sobrevenida crisis deportiva. Llevaba casi tres años sin ganar, todavía dolían esas cuatro operaciones en el brazo derecho, y por el camino había renunciado a su familia en los circuitos y al mejor contrato de la parrilla con Honda. Todo ello para subirse a la Ducati satélite del equipo Gresini sin apenas cobrar un duro y un solo objetivo: encontrarse a sí mismo y demostrarse que todavía podía ser el más rápido en la pista. En el GP de Aragón de 2024, uno de sus feudos predilectos, rompió con contundencia la peor racha de su vida. “La venía persiguiendo, y se me ha hecho muy largo”, reconoció ese día, la emoción por las nubes.

Allí comenzó su campaña de reconquista, esta que está cerca de culminar ahora que llega su gran premio de casa: en el Circuit de Barcelona-Catalunya, a menos de 100 kilómetros de su Cervera natal. Desde que enterró su mala racha de 1.043 días sin laurel, Márquez ha acumulado 13 victorias en 365 días, otras 14 si añadimos las ‘sprint’ del sábado. Su resurgir en 2024, donde sumó tres de los triunfos mencionados, le sirvió para convencer a los mandamases de la fábrica italiana y quitarle el puesto en el equipo oficial a Jorge Martín, a la postre campeón del mundo y ahora puntal de Aprilia.