El flamante campeón de MotoGP se quita presión a las puertas de un GP de Indonesia con la resaca del alirón todavía fresca, agotado física y mentalmente

Marc Márquez Alentà apenas ha podido digerir el título más especial de su exitosa trayectoria deportiva. Con una agenda repleta de compromisos, que le obligó a volar el mismo lunes tras su celebración en el karaoke de un antro cercano al aeropuerto en Japón que ya ha sido el escenario de cuatro de sus siete alirones en MotoGP,

nte.html#?rel=mas" data-link-track-dtm="">el flamante campeón asegura que todavía no puede ver los vídeos del pasado domingo sin emocionarse descontroladamente. Necesita volver a casa para procesar lo ocurrido y aplacar el tsunami de sensaciones sobrevenido tras cinco años de persecución de su objetivo más ambicioso: volver a ganar tras superar cuatro operaciones en el brazo y todas las renuncias y sacrificios que han acompañado dicha meta.

“No me apetece para nada subirme a la moto”, reconoce el 93 a las puertas del GP de Indonesia. Jamás ha ganado en el circuito de Mandalika, ni siquiera terminado una sola carrera de domingo. El de Lombok es uno de los dos circuitos, junto la penúltima cita en Portimao (Portugal), que se le resisten en el actual calendario. Antes de la lesión en el húmero que lo cambió todo, esta situación hubiera sido más que suficiente para motivar al español, que además está a un solo triunfo de su victoria número 100 como profesional: “No me pongo la misma presión que en el pasado. Antes, cuando conseguía el título, quería llegar a la siguiente cita y arrasar con todo, pero mi mentalidad ha cambiado”.