El número dos aparta a De Miñaur (7-5 y 6-2) y desembarca por tercer año seguido en el epílogo maestro. Esta vez, sin hacer cedido un solo set ni un turno al saque

Jannik Sinner lo hace así: madurándolos. Tiene algo de despiadado ese procedimiento, que al de enfrente va haciéndole creer que sí, que puede, que tal vez exista alguna oportunidad. Que quizá sea el día, que a lo mejor se han alineados los astros y lo mismo acaba encontrando algún resquicio (milagroso). De eso nada. Otro más a la lona. Resiste Alex de Miñaur una hora, hasta que la tensión termina acaba agotándole y su mente y su fe se rompen: break y 7-5. A partir de ahí, un suplicio para él, expuesto a esa manera que tiene el italiano de resolver: no es un zorro, sino un guepardo galopando hasta que a la presa le fallan las fuerzas y desiste en la carrera. El australiano è finito.

Culmina el número dos —6-2 en la segunda manga, para una inversión final de 1h 51m— y después de otra actuación impoluta, sin grieta ni inquietud alguna, desembarca con las alas abiertas y toda su plenitud en la final de este domingo (18.00, Movistar+). ¿Será capaz alguien de terminar con esa racha de 30 victorias sucesivas bajo techo? Rotura, rotura, rotura. Y De Miñaur no sabe dónde meterse. Visera baja y a aguantar el temporal, que de repente los vientos alpinos se han colado en la ciudad y si hace dos días lucía un sol muy agradable, este sábado Turín recupera el paisaje realista: neblina, sirimiri, poca luz. El local espera a Carlos Alcaraz o Felix Auger Aliassime (hoy, a las 20.30).