Sus tiendas hace años que cerraron, aunque todas las personas que las frecuentaron se acuerdan de ellas. Y a sus platos emblemáticos se han sumado los atípicos

Los protagonistas de la película Granujas de medio pelo, de Woody Allen, planean el robo de un banco que les lleva a usar como tapadera una tienda de galletas que resulta ser un éxito. Al VIPS parece que le pasó algo parecido. Abrió restaurantes precedidos de unas tiendas que vendían libros, películas en formato VHS y DVD, periódicos, revistas, accesorios electrónicos y juguetes, que hicieron más que sombra a sus famosas tortitas con nata, batidos, hamburguesas y a ...

sus sándwich club. Un concepto de negocio posterior a otro que no caló, unos supermercados importados de México tipo drugstore 24 horas. Aquel fracaso derivó en la cadena de establecimientos VIPS. Un dúo formado por un restaurante y una tienda que permitió que en Madrid uno pudiese comerse una hamburguesa y comprar un libro, pasada la medianoche. Un negocio que hizo que la capital se pareciese al Nueva York de las películas de Spike Lee y Martin Scorsese.

Las letras blancas V-I-P-S sobre un fondo rojo hacían las veces de un faro que marcaba el camino día y noche a gente hambrienta, a la que se le había olvidado un detalle o se le había antojado algo. VIPS había y hay en muchos puntos de la ciudad —AZCA, Salamanca, Chamartín, Arturo Soria...— y su dilatado horario, de lunes a domingo, entre el primer café y casi la última copa, hacía que, a pesar de ser considerados sitios de pijos, al final acabasen compartiendo barra y mesa oficinistas, currelas y representantes de muchas tribus urbanas. También los frecuentaban celebridades: Lola Flores, Javier Marías, Ana Obregón, Ray Loriga, Alaska, Mario Vaquerizo, Dj Nano, David Gistau. Un VIPS podría ser un fotograma de una película de Pedro Almodóvar.