El ingente material difundido este miércoles demuestra que el millonario pederasta seguía de cerca a Trump mientras cultivaba una tupida red de influencias
Primero fueron tres correos electrónicos hechos públicos por los demócratas del Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes. Después, más de 20.000 documentos sin filtrar difundidos por sus rivales republicanos en ese comité. Este miércoles, el millonario pederasta Jeffrey Epstein volvió a colocarse en el centro de la actualidad de Washington con una rendija por la que asomarse a su turbio universo a través de los papeles que el Congreso está obteniendo por oleadas de su familia desde agosto.
Uno de los tres mails que inauguraron la jornada es para su amiga y conseguidora Ghislaine Maxwell, cómplice de una red de tráfico sexual con cientos de víctimas menores de edad, hechos por los que ella cumple 20 años de cárcel. Los otros dos tienen como destinatario al periodista Michael Wolff.
En el de Maxwell, Epstein menciona en 2011 a una víctima cuyo nombre aparece tachado, de la que dice: “pasó varias horas con [el presidente Donald] Trump en mi casa”. También: “Quiero que te des cuenta de que el perro que aún no ha ladrado es Trump”, en referencia al hecho de que el entonces magnate inmobiliario “no [había] mencionado ni una sola vez” su encuentro con esa víctima.










