Una exposición en la Fundación Canal analiza cómo la pintura, el cine o la escultura germanas mostraron las sombras de Alemania y anticiparon, desde el final de la Primera Guerra Mundial, el ascenso del terror del Tercer Reich
Durante un puñado de años, Alemania estuvo a la vanguardia del arte mundial gracias al expresionismo, el primer movimiento artístico en el que el cine fue considerado un igual de la pintura, la arquitectura y la escultura. También, por primera vez, una corriente cultural reflejaba el pasado, mostraba el presente y profetizaba (con acierto) el futuro de un país. A esa explosión artística y social le dedica la madrileña Fundación Canal la exposición Expresionismo. Un arte de cine
i>, que hasta el 4 enero de 2026 reúne 152 piezas, entre grabados, cuadros y secuencias y fotogramas de 11 obras maestras del cine.
Puede que para el resto de Europa, el recuerdo del expresionismo se centre en el cine, pero en Alemania abarca más, mucho más. Los materiales de la muestra proceden de la colaboración entre la Fundación Murnau y el Instituto de Intercambio Cultural de Tubinga, cuyo director, Maximilian Letz, acudió a la inauguración en Madrid.
Letz sostiene parecida teoría a la creada en 1947 por el mito de la crítica cinematográfica Siegfried Kracauer en su estudio De Caligari a Hitler. Una historia psicológica del cine alemán. Entre 1918 y 1933 Alemania vivió un periodo vibrante y complejo, porque con la República de Weimar surgió la clase media y un estallido cultural. Pero también arrasó la hiperinflación y en la sociedad alemana, abonada con resentimientos y dolor, empezó a crecer el nazismo. “Y todo eso”, apunta Letz, “lo plasma el expresionismo”.






