Ocho décadas después del final de la Segunda Guerra Mundial crece el número de piezas expoliadas que aparecen en subastas y galerías al fallecer sus propietarios ilegítimos

Hace 80 años que terminó la Segunda Guerra Mundial. Pero no para todo el mundo. Todavía hay decenas de miles de obras de arte y objetos culturales en tránsito por Europa, la mayoría expoliados por Hitler y los nazis y otras sustraídas por soldados y civiles, que aprovecharon su “oportunidad”. La excepción histórica es muy conocida. Rusia no ha devuelto nada de lo que robó durante un lustro de contienda. Y para evitar reclamaciones, molestas, no suelen exhibirlas. Da igual. Jamás volverán a sus legítimos propietarios. Uno de los grandes ladrones —pesaba 150 kilos— fue el alemán Herman Göring, mariscal de campo y lugarteniente de Hitler. Saqueaba con rapiña todos los territorios conquistados. Podía ser vino, podía ser arte: algo que le entusiasmaba. “En los viejos tiempos, la regla era el saqueo”, explicó a sus camaradas. “Ahora las formas externas se han hecho más humanas. No obstante, tengo la intención de saquear y de hacerlo copiosamente”. Cumplió la amenaza. Se estima que compró y expolió 4.263 obras entre pinturas, esculturas, artes decorativas, muebles y tapices. La cifra impresiona. Mientras, Polonia lleva años pidiendo a Rusia la repatriación de obras (la mayoría son tablas) de sus Maestros Antiguos Dürer, Holbein, Cranach, junto a manuscritos de escritores polacos. Silencio. Rusia ha excluido, además, a Alemania de cualquier acuerdo. Y las décadas que vienen no facilitarán el entendimiento.