El novelista recrea en ‘El director’ cómo el cineasta G. W. Pabst regresó de Hollywood para acomodarse al nazismo y explora sus concesiones en busca de la libertad artística
Es el destino de todo escritor alemán: acabar escribiendo sobre el nazismo. Lo puede retrasar, puede pensar que él será distinto, pero hay muchas posibilidades de que al final el tema, el tema que ha definido Alemania y Europa, y la conciencia humana desde 1945, tarde o temprano se le imponga y no tenga más remedio que encararlo....
Daniel Kehlmann, austriaco y alemán, ya había escrito sobre personajes históricos como Alexander von Humboldt o figuras medievales como Till Eulenspiegel, y un día, en una conversación entre escritores, se lo dijo su amiga Zadie Smith: “A partir de los 40 años, hay temas inevitables”. “Siempre pensé”, explicaba Kehlmann “que, cuando encontrase la historia correcta, entonces lo haría”.
Ya tiene 50 y por fin la ha encontrado.
Kehlmann acaba de aterrizar esta mañana desde Nueva York, donde tiene su residencia, aunque siempre mantiene un pie en Berlín. Si tiene jet-lag, no se nota. Desde el restaurante donde conversamos, a orillas del río Spree, se ve la estación de Friedrichstrasse, que durante la Guerra Fría era la frontera entre los dos Berlines, las dos Alemanias, las dos Europas. Pero hoy hablamos de otro trauma, otra herida alemana.







