Los padres y madres no deberían preocuparse si sus hijos se molestan entre ellos “lo normal”, pero hay varias razones por las que habría que intermediar en los conflictos fraternales
Como a millones de espectadores en todo el planeta, me fascina la serie Yellowstone. Pero lo que me desconcierta de cada temporada son los hijos del personaje interpretado por Kevin Costner peleándose y odiándose constantemente, con unos niveles de brutalidad que a mí me parecen exagerados (en una serie donde todo es extremo). Pero después te fijas en muchas de las familias que conoces y siempre hay hermanos que no se hablan y otros que se soportan con una educación tibia. Lo curioso es que tanto yo como muchos de mis amigos de pequeños nos peleábamos (lo normal) con nuestros hermanos y de mayor nos llevamos fenomenal.
Tampoco he hecho una encuesta exhaustiva, pero me pregunto si es beneficioso que los hermanos se peleen de pequeños (porque si luchan de mayores ya está visto que, en general, el resultado es más bestia y duradero), y si eso al final sirve para cimentar un futuro mejor.
Puedes barajar conceptos como conflicto, dinámica de grupos y gestión de las emociones, pero, al final, lo que todos los padres queremos saber es: ¿es normal que los hermanos se peleen tanto? ¿Tenemos que intervenir los adultos o dejar que se regulen ellos mismos sin que llegue la sangre al río? ¿Esta etapa dejará un abismo entre ellos o será una chiquillada que recordarán con cariño dentro de unos años? Y sobre todo: ¿esto que se dicen y se gritan lo sienten de verdad o es solo la rabia momentánea y se van a querer toda la vida? Porque a veces se dicen cada cosa… Al menos, la segunda opción es lo que espero yo, mientras separo a mis hijos que están discutiendo ahora por ver quién abre la tapa del yogur.






