Hemos pasado del ideal ilustrado de “atrévete a pensar” a preguntarle a ChatGPT a quién votamos

“¿Qué es la Ilustración?”, se preguntaba Kant en 1784, y respondía: “Es la salida del hombre de su minoría de edad, de la cual él es el culpable. Minoría de edad es la incapacidad de servirse del propio entendimiento sin la dirección de otro”. Y lanzaba su famoso llamamiento en latín: ¡Sapere aude! Atrévete a pensar, a saber. Los mayores obstáculos que veía para esto eran la pereza y la cobardía. Leí esta cita en un artícul...

o sobre el ansia acuciante que tenemos de interpretar todo y saber su significado (qué gracia, esto mismo es un ejemplo más). Pero no estamos hablando de la materia oscura del universo, sino del último vídeo de Rosalía y cosas así, y cómo me alegro de no estar en España y tener que soportar la brasa sideral de los próximos meses. Abunda la etiqueta “final explicado”, sobre por qué termina así una película o una serie. Esto antes era con 2001: Una odisea del espacio y poco más. Te quedabas escuchando a Pumares hasta las dos de la madrugada a ver si entendías algo del puñetero monolito, y lo peor es que al día siguiente no eras capaz de repetirlo en el recreo. Si ya creen que soy un boomer ahora les estallará la cabeza: por citar un éxito de entonces, no imagino la discusión que se crearía hoy sobre si es posible retorcerse entre polvos picapica, lo primero que se les ocurrió a los Hombres G que rimara con “chica”. Hoy las pretensiones son mucho mayores, y lo que ha cambiado es la preocupación de si estaré pensando lo correcto. Más que nada porque se crean debates sobre cualquier nimiedad, pues la discusión ya es el producto, genera dinero, y más aún si es agresivo (esta perversión dejaría sin palabras al propio Sócrates, defensor del diálogo para buscar la verdad). No te atreves a pensar, no sea que te equivoques y te riñan. Ya habrá gente que pregunte a ChatGPT a quién votar.