La inteligencia artificial exige que redefinamos los códigos de comportamiento en las aulas, escribe el divulgador Salman Khan en un libro del que ‘Ideas’ adelanta un extracto
Todas las dinámicas que hacen que la IA sea un elemento complejo y transformador en la educación secundaria se vuelven aún más pronunciadas en la educación superior, donde los alumnos gozan de más independencia. Redactar trabajos finales, por ejemplo, puede formar parte de una experiencia concreta en secundaria, pero en algunos programas universitarios de humanidades, los trabajos tienen casi todo el peso del trabajo que hacen los alumnos a lo largo de la carrera.
de-los-profesores-siguen-usandolo-aunque-les-avise.html" data-link-track-dtm="">Si las redacciones hechas con ChatGPT son un problema en el instituto, todavía lo son más en la universidad. Y lo cierto es que este problema no solo afecta a las asignaturas de humanidades, sino a todas en las que la universidad espere de los alumnos que diseñen o generen trabajos inéditos.
Una solución consiste en que las universidades confíen en los alumnos. Muchas instituciones hace ya décadas que se rigen por códigos de honor; bajo estas políticas, los alumnos tienen la libertad de hacer sus trabajos por sí solos, desde redactar trabajos hasta hacer los exámenes en su habitación. En Stanford, por ejemplo, hasta hace poco los profesores no podían vigilar durante los exámenes en las aulas, incluso si querían hacerlo.






