El equipo francés, sin un rumbo claro en la Fórmula 1, apuesta seguir con el argentino para 2026
Ni la flojera del coche que conduce, ni la presión a la que se ha visto sometido, ni siquiera las astracanadas de Flavio Briatore, asesor ejecutivo del equipo Alpine, lograron que al piloto más canchero de la Fórmula 1 le entrara el tembleque. La escudería francesa, que nadie sabe muy bien por dónde pasa ni hacia dónde va, anunció este viernes la renovación de Franco Colapinto, el piloto que se ha convertido en la esperanza de Argentina en el campeonato y que reúne varios de los aspectos más deseables que se buscan actualmente en la parrilla. Es joven (22 años), simpático y desacomplejado, y lleva detrás un buen remolque económico. Tiene velocidad, pero todavía debe completar algo más de recorrido para poder evaluar cuánta.
Tras un breve paso por Williams, con quien la temporada pasada disputó nueve carreras en sustitución de Logan Sargeant, y con un octavo puesto (Bakú) como mejor resultado; Alpine utilizó a Colapinto para ‘matar’ a Jack Doohan, aunque apenas le dejó margen para adaptarse a un coche que no iba ni para atrás. “No estoy contento si miro los resultados, y eso es lo importante. Franco se esfuerza mucho. Y nosotros y nuestros ingenieros nos esforzamos mucho en tratar de complacerle. Pero la verdad es que esto no es lo que esperaba de él”, soltaba Briatore, a finales de agosto. En aquel momento, el porteño solo llevaba nueve grandes premios enfundado en el mono de Alpine, una estructura que Renault vendió en su día y que después recompró, y que ahora deambula sin rumbo ni identidad. La desconexión es de tal magnitud, que sus dos coches incorporarán el año que viene motores y cajas de cambios de Mercedes. Una maniobra que coloca a Alpine en la rampa de salida de la F1.






