La flojera del coche diseñado por Newey en Baréin pronostica un año tan o más complicado que los dos últimos para el equipo de Alonso: “Tenemos problemas cada vez que salimos a pista”

A Fernando Alonso se le empieza a poner cara de Bill Murray, el carismático actor de ‘Lost in Translation’, entre muchos otros de sus éxitos cinematográficos. Uno de sus papeles más reconocibles es el de Phil Connors, un hombre del tiempo desplazado a Punxsutawney (Pennsylvania) para cubrir la predicci...

ón de la marmota Phil, a quien se le presupone el poder de anticipar cuándo terminará el invierno. Por si el acontecimiento en cuestión no fuera ya de por sí difícil de masticar, el meteorólogo queda ‘Atrapado en el tiempo’, traducción al español del título original de la película –‘Groundhog Day’–, de modo que cada mañana se levanta en el mismo día.

Pues bien, así vive Aston Martin desde hace un par de años por estas mismas fechas, en las que pasa de los niveles más altos de excitación, derivados de las expectativas generadas en base a la ilusión, al disgusto más profundo, al comprobar el potencial real del coche que ha proyectado. Sobre el papel, la introducción de un nuevo reglamento técnico parecía la coyuntura perfecta para dar el salto de calidad que el equipo de Silverstone necesitaba para comenzar a rentabilizar la inversión hecha en los últimos meses, sobre todo la incorporación de Adrian Newey como director de orquesta. Sin embargo, la realidad parece haber atropellado a los bólidos verdes, al menos en lo que llevamos de pretemporada.