La gran expectación del primero de los bólidos verdes diseñado por Newey eclipsa el resto de la parrilla en el fortín de Montmeló
Habrá que esperar un par de meses todavía antes de saber para qué tipo de retos da el coche, pero si una cosa está clara es que Aston Martin ha ganado la primera carrera del año. Esta no da puntos y ni siquiera se televisa. De hecho, se ha celebrado en un circuito de Montmeló convertido esta semana en un fortín infranqueable, a prueba de periodistas y de curiosos, que se las han tenido que apañar para encontrar alguna colina elevada, a varios cientos de metros del Circuit, con tal de no ser desalojados por las autoridades. Todas esas medidas para alejar a los mirones no han hecho más que multiplicar exponencialmente la expectación de la primera toma de contacto de los bólidos que a principios de marzo se medirán en Melbourne, para el primer gran premio de esta revisada Fórmula 1.
Puede que allí se imponga Mercedes, que da la sensación de ir por delante del resto en términos de rendimiento, pero la carrera propagandística se la ha llevado Aston Martin gracias a la primera de sus joyas diseñada a partir de los trazos de Adrian Newey. Y eso que el monoplaza no salió a rodar hasta el jueves por la tarde, después llegar en un avión construido hace más de medio siglo, un Antonov An-12BP, de 1972, que había despegado en el aeropuerto de Birmingham y aterrizó, tres horas después, en el de Girona. Lance Stroll solo pudo completar cinco vueltas en la última hora de actividad en pista, antes de que el coche se detuviera, supuestamente, como estaba escrito en el guion. Este viernes, última jornada del shakedown fue el turno de Fernando Alonso, que comenzó la que puede ser la temporada de su despedida definitiva.










